La Navidad siempre llega con un aire distinto. Luces, villancicos, decoraciones… Y por supuesto, las miles de manualidades llenas de purpurina y colores con ese toque navideño que colocamos por toda la casa y que ya son todo un ritual. En este artículo veremos algunas de las actividades que realizamos con los más pequeños, de 1 a 4 años, para la estimulación de las distintas habilidades que les van preparando para otras más complejas.
Las manualidades navideñas son una oportunidad para trabajar distintas habilidades como la motricidad fina, la coordinación ojo-mano, el pensamiento simbólico y aprender más con materiales distintos y sencillos, muchos de ellos procedentes de la naturaleza. En este caso con piñas, hojas y ramas. Trabajar con objetos naturales ofrece una experiencia sensorial. Entre los 12-18 meses y los 3-4 años, los niños atraviesan una etapa en la que el movimiento fino empieza a tomar forma: la coordinación se vuelve más precisa y el interés por manipular texturas aumenta.
Propuesta nº1: El árbol-piña
Esta actividad es ideal para manos pequeñas porque admite diferentes niveles de participación. Pueden pintar libremente con pincel ancho, esponjas o con pintura de dedos; pueden pegar bolitas, pompones o pequeñas piezas brillantes; pueden elegir la estrella que irá en la parte de arriba. Más allá del resultado, lo importante es el proceso: mover la piña, decidir qué parte pintar, practicar la pinza fina al colocar las bolitas y mezclar colores. Un ejercicio de coordinación y paciencia.
Durante algunas salidas al campo en otoño, los peques suelen recoger bellotas, castañas, palos, hojas, y alguna que otra piña, y que inevitablemente nos hacen llevar a casa. Con una de esas piñas preparamos la mesa para pintarla de color verde como el árbol de navidad, pero puede ser cualquier color que más les guste.
En esta propuesta utilizamos una esponja partida a la mitad, de modo que obtenemos dos piezas listas para pintar. A cada una le colocamos una goma en el centro para que puedan agarrarla mejor. Así, la esponja toma forma de “lazo”, lo que les permite agarrarla con firmeza y estampar mejor. 
Después de pintarla y dejarla secar, pueden decorarla con pequeñas bolas de colores y un poco de cola blanca, finalmente añadiendo una estrella en la parte de arriba. Aquí alguno le echó un poco de purpurina para darle un toque especial. Para conseguir que se quede recta, pegamos la piña con silicona en una pieza de madera pequeña.
Propuesta nº2: El árbol de lana
Esta actividad es una perfecta para niños de 2 a 3-4 años que fortalece la coordinación, afina la motricidad fina y fomenta el sentido del “yo puedo” o “yo soy capaz de hacerlo”. El árbol que sirve de base es de cartón, previamente cortado en forma triangular. A partir de ahí, damos libertad (siempre con un pelín de ayuda): envolver el árbol con los distintos hilos, tensar fuerte para que no se suelte, elegir de nuevo los pompones y pegar la estrella del árbol.

Primero ofrecemos a los peques un hilo de lana verde. Deben ir enroscando la lana como quieran y poco a poco, va cubriendo la superficie. Luego hacen lo mismo con otro color, en estos casos son dos verdes en tonos distintos. Cuando el árbol queda cubierto de lana, llega el momento de decorarlo. Les presentamos pompones de colores y un poco de cola blanca.
Los peques deciden dónde colocarlos: un rojo aquí, un amarillo allá, dos juntos porque “son amigos”, uno arriba porque “es una estrella”, todo acompañado de ese gesto de presionar el pompón contra la lana, no vaya a ser que algún pompón decida escaparse por el camino.


La verdad que el resultado es muy bonito y significativo, como decía al inicio, Como decía al inicio, cuando los niños pueden crear por sí mismos se sienten capaces, seguros, orgullosos de lo que hacen.
Esta manualidad navideña es perfecta para decorar cualquier rincón de la casa, pero también puede convertirse en una sorpresa hecha con sus propias manos para regalar a algún ser querido, una abuela, un primo o esa persona que forma parte de su pequeño gran mundo.
Propuesta nº3: figuras navideñas de arcilla (imanes y adornos)
La arcilla es uno de esos materiales que siempre tenemos a mano y que nunca falla. Es un recurso maravilloso. Permite trabajar la motricidad, la planificación del gesto, la fuerza de manos y dedos; y ofrece una experiencia sensorial completa: tiene textura, peso, olor, y además brinda la posibilidad de transformar y crear libremente.
La presentamos dividida en pequeñas partes o invitamos a algún niño a cortar el bloque y repartir. Comenzamos proponiendo que la manipulen sin prisa, que experimenten y vayan dándole forma. Ese gesto inicial de aplastar, rodar y amasar fortalece la musculatura, estimula la sensibilidad y ayuda a conectar con el propio cuerpo. A veces alguno se pone de pie para ejercer más fuerza con los brazos enteros empujando hacia abajo; otros prefieren pellizcar trocitos diminutos, cada uno experimenta a su manera.
Cuando sus masas están listas, animamos a construir una figura sencilla libremente o con los moldes: un pequeño árbol, un muñeco de nieve, una estrella o cualquier forma navideña. Antes de dejarla secar, hacemos un pequeño agujero en la parte superior para poder colgarla después con un lazo en el árbol de Navidad.
Una vez terminadas, las figuras se dejan secar si la arcilla es de secado al aire o se endurecen con un barniz suave si lo necesitan. Después llega el momento de crear aún más: primero pintan con acuarelas y luego decoran con bolitas hechas con la misma arcilla, purpurina o pequeños elementos que aportan color y un toque especial. Ese momento es especialmente rico, porque manipular elementos tan pequeños requiere precisión, coordinación y atención. Su cuerpo está completamente presente en la tarea.
El resultado puede convertirse en un adorno navideño para el árbol o, en este caso, añadiendo un imán sirve para decorar la nevera. Además puede ser un regalo para un ser querido o simplemente una obra que quedará decorando el aula como testigo de su creatividad, su concentración y su esfuerzo. Y como siempre ocurre con estas experiencias, lo más bonito es observar la emoción en sus caras. Ver cómo sostienen su figura ya seca, cómo la miran con orgullo y cómo corren a enseñársela al primero que encuentran. Qué privilegio es acompañar estos pequeños grandes momentos.

Propuesta nº4 : muñecos de nieve y Rodolfo el Reno
Esta propuesta combina dos actividades muy queridas por los más peques: los muñecos de nieve creados a partir de una silueta y los renos hechos con la huella de su mano. Ambas les permiten experimentar con pintura, transformar sus manos en personajes navideños, trabajar la motricidad fina, la coordinación ojo-mano y la creatividad. Con los más pequeños, siempre vemos esa emoción al descubrir una forma que aparece de pronto o de convertir su mano en un personaje navideño favorito.
Para los muñecos de nieve, comenzamos colocando sobre el folio una figura recortada con la forma del muñeco. Después tan solo tienen que pintar con esponjas por todo el papel, en este caso, con pintura azul: toques suaves, arrastres y pequeños golpecitos. Les mostramos que cuando retiramos la silueta, antes de que la pintura se seque, aparece el muñeco blanco. Es un momento de sorpresa donde sienten que han “descubierto” algo escondido. Luego solo tienen que decorar el muñeco con lo que tengamos a mano: ojos, nariz de zanahoria, botones, bufandas hechas con cartulina, escobas o incluso pequeños pompones para dar volumen.
El reno, por supuesto, es Rodolfo, con su nariz roja brillante que lo convierte en el protagonista inconfundible de estas fechas. Cubrimos la mano del niño con pintura marrón y la estampamos sobre el papel. Añadimos un pompón rojo para la nariz, ojos móviles y algún detalle más si quieren decorarlo. Después recortamos la silueta y la pegamos sobre cartulina roja para darle más presencia. En nuestro caso hicimos un par de agujeros en la parte superior para poder colgarlos, y se convirtieron en adornos navideños para decorar las paredes.
Propuesta nº5: Postal navideña
Hay actividades que emocionan por su sencillez y esta, similar a la de Rodolfo el reno, es algo que gusta mucho. Esta actividad es la misma huella de la mano para representar el árbol de navidad. Es una propuesta muy adecuada para niños de 1 año y medio a 3-4 años.
Con una cartulina A4 y pintura verde, comenzamos cubriendo la palma del mano. Aquí dejamos que sean ellos quienes, con una esponja, cubran su mano de pintura. Después estampan su mano sobre el papel con algo de ayuda. Cuando la pintura se seca un poco, añadimos pequeñas líneas con rotulador fino para darle más vida.
La decoración es tan libre como ellos quieran: en las líneas marcadas deben colocar, retales de papel que simulan bolas
navideñas, estrellas troqueladas, pegatinas o simples pegatinas brillantes.
Una vez terminado, doblamos la cartulina para que quede como una “postal navideña” donde dentro pueden escribir o dibujar algo. Otra opción es recortar la silueta y añadir un lazo en la parte superior para colgarlo en el árbol de Navidad,
en la puerta del aula o en algún rincón especial de la casa. Este detalle convierte la manualidad en un recuerdo que, como tantas otras manualidades, las familias guardan con cariño año tras año.
La magia de estas actividades reside en la construcción de su identidad, de su autonomía y, sobre todo, de recuerdos que se forjan sin que nos demos cuenta. Quizá dentro de unos años esas piñas, esos renos y esas postales permanezcan guardados en una caja llenas de recuerdos. Porque al final, lo que conservamos son esos momentos que dejan huella.
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